cardomaximo

Columnas periodísticas, intervenciones radiofónicas, escritos…

Posts Tagged ‘tiempo

Agosto entre paréntesis

leave a comment »

Written by cardomaximo

29/09/2015 at 13:52

Publicado en costumbres

Tagged with , ,

Inquilinos del tiempo

leave a comment »

Written by cardomaximo

02/06/2015 at 12:31

Publicado en costumbres

Tagged with ,

Rezando para que llueva

leave a comment »

Written by cardomaximo

08/03/2013 at 10:27

La ciudad sin horizonte

leave a comment »

Miguel MeleroLA CIUDAD había perdido su horizonte, oculto tras el brochazo negro que componía el paisaje de fondo. Que esa densa mugre volando por el cielo apareciera por la zona lindera con los frutales de la ribera del Guadalquivir no era más que otra turbia premonición del desnorte colectivo. Tenía que llover a cántaros, pero el cielo se resistía desde hacía meses, esmaltado de un azul brillante que dolía la vista. El frío de las noches gélidas de febrero venía a rematar la metáfora de esa ciudad que daba tiritones en la oscuridad sin ser capaz de ver más allá de sus narices.

En el aeropuerto, los pilotos vieron reducida la visibilidad para las cruciales operaciones de despegue y aterrizaje a 600 metros. Los científicos explicaron que se trataba de un fenómeno de inversión térmica por el que el suelo quedaba por las noches más frío que las capas altas de la atmósfera impidiendo que se disiparan los humos de las fogatas con que los agricultores calentaban los melocotoneros para evitar las heladas que arruinaran la cosecha. Los políticos se enzarzaron en reproches recíprocos a propósito de la boina de contaminación arrimando cada cual el ascua a su sardina, sin ver más allá de sus propios intereses a muy corto plazo: también ellos se habían quedado sin perspectiva.

Los confines de la ciudad se habían desdibujado, atrapada como estaba en un denso y viscoso celaje que lo cubría todo:  el lecho del río y los cauces de los arroyos, los descampados de las afueras y las carreteras que ahora llevaban a ninguna parte. La gran mancha negra había quedado inmóvil enseñoreándose de la ciudad destruyendo perspectivas,  aniquilando panorámicas y amolando contornos que ahora se escondían perezosamente esquivos.

Los ciudadanos se resignaban a contemplar con asco el cielo pintado con ese pegajoso mejunje que les había hurtado el horizonte. Primero fue la sorpresa, la novedad de un meteoro desconocido aunque fuera puerco; a eso le siguió la indiferencia y más tarde el aburrimiento. Finalmente, todos se acostumbraron a andar a tientas en medio de aquel desgraciado cúmulo que no había manera de disipar. Cuando se quisieron dar cuenta, la nube negra los envolvía y ellos mismos eran humo, el viscoso y pestilente humo en el que se habían consumido sus propias expectativas. Al cabo de algún tiempo de vivir emboscados en la negrura del amanecer, la ciudad desapareció del mapa. Pero sus habitantes ni siquiera lo advirtieron: los ciegos nunca llegan a reconocerse.

15/2/12

Written by cardomaximo

16/02/2012 at 09:20

>Tres hitos de la memoria

leave a comment »

>
LA ESQUELA del primer aniversario -ayer mismo, la del ex hermano mayor del Santo Entierro al que la muerte lo sorprendió en zapatillas- es la verdadera medida del tiempo. El taco del calendario es una ilusión vana: tantas hojas por delante para arrancarlas sin poder saber ahora qué deparará el 24 de mayo, si la Bolsa subirá o se hundirá el barril de Brent, o qué tiempo hará el 13 de noviembre por la tarde. El recordatorio de los que ya no están entre nosotros es la vara con que medimos nuestra existencia.

Toda nuestra memoria está jalonada de hitos, unos personales e intransferibles y otros, compartidos. La suma de todos esos mojones a lo largo del tiempo forma la memoria colectiva o el mínimo común denominador de los que somos coetáneos: ¿dónde estabas cuando se escucharon los tiros en el Congreso el 23 de febrero? Pues va a hacer treinta años. Y bien que se van a encargar de recordárnoslo.

Pero a veces, las efemérides pasan de largo sin detenerse en nuestra puerta, tal vez por cansancio, tal vez por desconocimiento, acaso porque ya se borraron del inconsciente colectivo que les daba valor y no hay nada que perdure de ellas. Días atrás se han cumplido veinticinco años de la explosión en directo en las pantallas de televisión de todos los colegios estadounidenses del transbordador ‘Challenger’. Nadie o casi nadie se ha encargado de rememorar la tragedia de Christa McAuliffe, la afortunada elegida del programa Teachers in Space con que la NASA reaganiana quería volver a ilusionar a los estudiantes.

Los jesuitas, por su parte, han conmemorado el sábado el vigésimo aniversario de la muerte del padre Arrupe, superviviente del holocausto atómico en Hiroshima y superviviente del ‘diktat’ del papa Wojtyla en la Congregación General 33, en la relativa intimidad de su solvente dominio de los nuevos medios de comunicación.

Acaba de morir Maria Schneider, la protagonista de ‘El último tango en París’ con el que suspiró toda una generación de españoles, y las reseñas de su vida se detenían en esa película de Bertolucci como si les fuera imposible seguir avanzando. Puede que a la protagonista de aquel film nihilista tan hijo de su tiempo, de las convicciones marxistas de su director, de la hipocresía que había rodeado las relaciones de pareja, también se le hiciera cuesta arriba seguir viviendo después de aquello.

Puede que a nosotros también se nos haga cuesta arriba seguir viviendo sin pararnos un minuto a mirarnos a nosotros mismos cuando estalló el Challenger, dimitió Arrupe o Maria Schneider gemía.

javier.rubio@elmundo.es

8/2/11

Written by cardomaximo

09/02/2011 at 13:11

Publicado en costumbres, historia

Tagged with ,